El Moto Club Rosario, una historia de dos ruedas
A principios de los años 10, ya comenzaron los aventureros de dos ruedas a deambular por las calles de Rosario, muchos ciclistas y pocos motociclistas.
Fue así que los primeros "bikers" comenzaron a juntarse para intercambiar opiniones acerca de sus máquinas y transitar esos empedrados de entonces en grupo.
Según cuentan las antiguas actas del Moto Club, un grupo de personas, comenzó a encontrarse todos los domingos en el Parque Independencia. En el año 1913 (agosto precisamente) le dieron nacimiento al Moto Club Rosario.
Allí, redactaron sus primeras reglas y estatutos y comenzaron a ampliarse los socios, que terminaron siendo todos amigos.
En febrero de 1923, tuvieron su primera sede en calle Santa Fe 1472. Ya con muchos socios, la actividad del club se concentraba en las carreras que estaban muy de moda por el mundo, pero su principal actividad era la social, reuniones de amigos, juntas las familias y realizar paseos por los pueblos cercanos para formalizar picnics.
Como homenaje a los 10 primeros años, construyeron su primer circuito de carreras en tierras vecinas al arroyo Saladillo, junto con el Aeroclub de Rosario.
En el año 29, la sede social se trasladó a calle Córdoba 2099.
Los desencuentros fueron en el año 33, donde renunció toda la comisión directiva y los socios restantes no aceptaron la renuncia.
En el año 1936, la sede estaba situada en el sótano del bar Colón, en la esquina de Urquiza y Corrientes.
Luego, con la ayuda de un socio y el trabajo de todos los restantes miembros, el club pudo hacerse propietaria de un inmueble en calle Jujuy 1455 que subsiste hasta el día de la fecha.
En este inmueble que pocos conocen, hay mucha historia, muchas actas, muchas fotos de todos estos años, muchos trofeos, bibliotecas con libros completos de la enciclopedia británica edición 1896.
También esta el inmenso reloj que donó Winston Churchill al Club de Residentes de Rosaeio, hace más de 60 años.
Lo difícil de explicar, es que cada semana que sus socios visitan la sede, sienten el peso de los fantasmas del pasado, que contagian el entusiasmo, la pasión, la amistad y las ganas de hacer cosas como lo tenían sus fundadores.Comisión directiva
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